Familias de Brooklyn

El nihilismo, la pubertad y el acné siempre conducen a lugares sombríos. Algo en el alma humana es dominado por la incertidumbre del fracaso desde el mismo momento en que advertimos la inhumanidad de los padres. El encierro se perfila como única salida. Al diablo con la vida queremos ser twitteros. Apagar luces y, control en mano, buscar mujeres desnudas en El cable. Descargar las novedades del universo indie desde la notebook. Imprimir Mundodisco y las novelas de Philip Dick. Vivir en el interior de una burbuja ―un círculo perfecto en complicidad con el funkmeister de la cultura pop― criticando discos ochenteros y despreciando el darwinismo intelectual, mientras esperamos que nuestra muerte sea un evento en facebook al que todo el mundo asista.

Continuar leyendo


Ideas para un post sobre San Agustín

1. Comenzar con una especie de reflexión panteísta ―que no sobrepase 140 palabras― del tipo: Hay otros mundos y vale la pena jugarse la vida por descubrirlos. Luego de dos guerras mundiales, una bomba atómica, el holocausto nazi, los reinados de belleza, infinidad de guerras simuladas, gustos masificados, multinacionales y bancos, contratistas y desilusiones, banalidad televisiva y el embrutecimiento general, correr sin norte con la esperanza de no ser alcanzado resulta consecuente, necesario y admirable. ¿Quedarse en la ciudad protegiendo empleos miserables, soportando infiernos insufribles y escribiendo blogs que nadie lee? ¿Qué tiene de bueno eso? Vale la pena escapar de la rutina, escupir la hipocresía, explorar nuevas culturas, despreciar el snobismo, ignorar la brújula y empuñar a un mapa guerrillero. O ¿qué tipo de estudiantes seriamos si aplazamos nuestros viajes?

Continuar leyendo


Furioso pétalo de sal

Es una época de pose. Probablemente el vecino sepa mucho más de nosotros por la Bio que por los chisme de tienda. Todas las cosas de este mundo son una metáfora, decía Goethe, y la humanidad se acostumbró a ver caritas jubilosas por los centros comerciales aunque la realidad en sí misma resulta penosa, austera y vulgar. Imposible apreciar siquiera pequeños atisbos de nuestro retrato en el avatar. Preferible  ignorar el efecto negativo que causamos en las demás personas, retocando nuestras fotos del facebook, absortos en blogs que nadie lee, retwitteando quién somos, olvidando lo que fuimos, regocijados ante el presente, atónitos en nuestra propia genialidad. La mitad de nuestras actitudes carece de sentido aparente y la otra mitad vive a la espera de un alguien que responda el porqué de las cosas. Alguien o algo dispuesto a escuchar un sencillo ‘por qué’ sin alzarse de hombros. Pues suponiendo que el ser humano comprenda la belleza, tendríamos primero que entrar a definirla o sencillamente presumir de ella dejando Megustas en cada foto etiquetada.

Continuar leyendo


Hubo un tiempo que fui hermoso

Navegando sin pudor entre el mundo de los muertos encontré a Fabián Casas rememorando, durante el velatorio de Sabato, cuando era un pibe de once años y telefoneó al autor de Sobre héroes y tumbas porque no entendía la novela. “En ese momento me perturbaba el libro y no lo entendía, quedamos en vernos pero nunca más lo llamé”. Casas, siendo un poeta imprescindible para comprender la literatura de los noventa, no tiene relevancia en este post. Lo traigo a cuento como digresión personal, porque es un autor que abre el panorama de visión de las mentes snobistas a rasgos insignificantes de la fascinante cotidianidad, con seísmos ridículamente filosóficos como Paso a nivel en Chacarita; y porque yo también leí Sobre héroes y tumbas cuando tenía catorce años, una mañana que amaneció dañado el Nintendo.

Continuar leyendo